Calendario natural

Alfonso J. Rodríguez Jiménez

Doctor en Ciencias Biológicas

CALENDARIO NATURAL

Es septiembre y en la comarca de Las Hurdes se aprecian  ya ciertos tintes otoñales. La luz que se inclina más, el viento algo más fresco y los días más cortos, barruntan cambios cercanos.

Los cursos fluviales con sus caudales mermados por el estiaje siguen corriendo (no dejarán nunca de hacerlo, ni en la peor de las sequías), situándose la temperatura del agua aún en torno a los 20ºC.

Se hacen más frecuentes las tormentas vespertinas abatiéndose con fuerza sobre las montañas descargando aguaceros y vientos capaces de amandilar algunos árboles. Otras veces, los frentes barren la zona lloviendo suave y generosamente. En  las rocas los líquenes reavivan ahora sus colores.

El aspecto verde-azulado de las aguas se vuelve pardusco tras las lluvias debido al arrastre de partículas de suelo en las laderas. Este tono durará pocos días debido al intenso lavado y renovación de las aguas.  Fructifican las zarzas y las labiérnagas proporcionando alimento a muchas aves y mamíferos.

Los peces continúan activos (calandinos, bordallos, barbos, colmillejas…) , tanto adultos como subadultos supervivientes de sus primeras semanas de vida, en aguas tranquilas de recodos y pozas, si bien, repletas de depredadores.

Entre los guijarros de las orillas son distinguibles ejemplares recién metamorfoseados de escuerzo dando sus primeros pasos. Éstos, poco a poco irán alejándose de los cursos fluviales llegando a colonizar zonas incluso abruptas y secas.

Es tiempo de equinoccio, con duración de los días igual que las noches.

 

Llega octubre y las borrascas oceánicas con sus frentes de lluvias se hacen habituales.

La fuerza de las aguas en ríos y arroyos es palpable. En algunas zonas son visibles las huellas de transporte fluvial de materiales por rodadura y suspensión, quedando éstos depositados en lugares que alcanzó el agua. En otros tramos, la broza arrastrada queda retenida en altura  enmarañándose entre las ramas del arbolado de ribera, señalando el nivel máximo alcanzado por  el agua  durante la crecida.

La brecina esta ahora en flor y algunos brezos vuelven a florecer, tal vez inducidos por el engaño de la semejanza con un tiempo aparentemente primaveral.. En las encinas y los alcornoques las bellotas empiezan ya a estar maduras.

Las noches aún no son frías, con lo que es posible hallar activos a batracios como las ranas, los sapos parteros y los escuerzos.

La temperatura del agua se sitúa en torno a los 15 ºC y muchos peces comienzan ya su período de letargo.

Ya a finales de octubre y tras días muy lluviosos, las salamandras, conocidas por los lugareños como “salmantijas” , entran en celo. Al llegar la noche salen  a los claros y los caminos siguiendo un ancestral rito: el cortejo y la reproducción  que tiene lugar fuera del agua (“las salmantijas ajuyen del agua” , dirán los paisanos). Sólo se acercarán a zonas muy remansadas a dejar los huevos. En estas noches el canto del cárabo, amplificado por la resonancia del eco en montañas y valles, resulta sobrecogedor.

Los árboles caducifolios comienzan a colorear de amarillo sus copas.

 

En noviembre, el otoño se muestra en su máximo esplendor. Los árboles caducifolios con sus tonos amarillentos, anaranjados y rojizos, perdiendo sin cesar las hojas, componen enclaves muy llamativos entre el verde estable de los pinares y el bosque autóctono. A ello hay que sumar el tono anaranjado del suelo que adquieren ahora las extensas zonas de helechales situadas bajo el arbolado. Es un mes lluvioso y además el frío comienza a sentirse ya, vaticinando que el invierno está en puertas. Las temperaturas del agua (dependiendo del lugar, la hora, la insolación y las condiciones atmosféricas) vuelven a ser más bajas: ahora oscilan en torno a los 10ºC. Ya no hay peces activos en los cursos fluviales, ni salamandras por la noche.

Muchas aves han abandonado ya las montañas buscando lugares más cálidos en el sur. El silencio se hace aún mayor de lo extrañamente habitual en estas tierras.

Sin embargo, en este período otoñal no todo son pérdidas, letargos o migraciones: plantas aromáticas como el calamento florecen formando núcleos entre rocas y bordes de caminos; en las zonas boscosas, las madroñeras florecen y maduran a la vez sus frutos, salpicando de tonos amarillos, rojizos o blancos las espesuras y en los arroyos, las algas filamentosas crean focos de verdor, agrupándose como cabelleras onduladas bajo el agua originando un enmarañado ecosistema que da cobijo a multitud de microorganismos e interrelaciones.

En los escasos reductos donde todavía quedan robles melojos, maduran ahora sus bellotas y en los castañares, la lluvia persistente reblandece los erizos de las castañas y caen al suelo donde serán aprovechados como alimento por jabalíes, cabras montesas, ciervos e incluso zorros y lobos en períodos de hambruna.

Ya hay aromas de invierno.

 

Diciembre, a pesar de ser un mes que sitúa la mayoría de sus días oficialmente dentro del otoño, en Las Hurdes es ya un mes típicamente invernal. Se aproxima el solsticio de invierno y los días tienen ahora si acaso un tercio de sus horas de luz; los rayos de sol llegan muy inclinados y apenas si da tiempo  en  días despejados a calentar algo los valles.

Las aguas, ahora muy bravas, transparentes y frías situan sus temperaturas ya en torno a los 8ºC.

Esporádicamente se hallan temporalmente activos algunos peces, mayoritariamente subadultos, que despiertan de su letargo iniciado allá en octubre, ante la imperiosa necesidad de ingerir algo de alimento que les proporcione energía para soportar los rigores del entorno, moviéndose torpemente en algunos recodos tranquilos y soleados. Pronto deberán de volver al sopor invernal. Otro tanto hacen los ejemplares juveniles de las ranas en las orillas soleadas tibiamente.

Sobre las rocas del lecho se extiende un tapiz marronáceo a modo de costra formada por multitud de algas diatomeas con grupos de algas clorofitas filamentosas, así como los primeros núcleos de ranúnculos ahora sumergidos.

El arbolado ribereño queda ya totalmente despojado del follaje y entra también en un período de latencia para soportar los duros rigores invernales.

Se avistan las primeras nieves en las cumbres y en los valles son frecuentes las heladas creando paisajes blanquecinos de gran belleza. Estas heladas llegan hasta el mismo borde de los cursos fluviales helando tramos de remansados de río, charcones laterales e incluso a los cárices que se inclinan sobre el agua adquiriendo curiosas estructuras colgantes.

 

A estas alturas del año, el invierno aprieta con fuerza: llega enero. A días borrascosos y lluviosos les siguen días estables y fríos, con espesas nieblas que se hunden en los valles. Las escarchas se desparraman habitualmente en el suelo persistiendo todo el día en las umbrías. Los paisajes adquieren un porte legendario y fantasmagórico. Musgos, hepáticas y líquenes despliegan sus colores y formas almohadilladas Las temperaturas son muy bajas: las aguas siguen sin pasar de los 10ºC en las horas centrales del día. No se ven peces ni anfibios, ; tan sólo larvas de tricópteros (envueltas en cápsulas fabricadas con fragmentos de rocas y vegetales), algunos tritones ibéricos y en zonas recónditas singulares algas rojas. Las montañas con frecuencia siguen nevadas.

Los enebros se reproducen ahora: los árboles-macho liberan ingentes nubes de polen al ser mecidos por el viento para polinizar a las flores de los árboles-hembra, que ahora también aporta las gálbulas del año anterior. Por las noches se escuchan los estremecedores ladridos de los zorros, ahora en celo, a los que se suman los cantos del búho real y  del cárabo.

En las umbrías los ruscos muestran sus brillantes frutos rojos destacando entre entornos que no se exceden en llamativos colores.

En los collados de las montañas los troncos de los árboles y las rocas se tapizan de musgos, hepáticas, líquenes, helechos y hongos. El suelo sigue lleno de madroños caídos hace tiempo ya de las (a veces gigantescas) madroñeras pero conservados por el frío. Los durillos, cuyos frutos han tardado un año en madurar, adquieren ahora tonos azules esperando compaginar esta maduración con la floración que tendrá lugar a finales de invierno.

Febrero, a pesar de ser un mes muy frío (a veces el más frío del año), intercala ya más momentos soleados a lo largo del día. Ello determina que vayan surgiendo señales de recuperación en la actividad de algunos seres vivos que estaban aletargados. Así los tritones ibéricos se hacen muy visibles en los arroyos ante el celo que se les avecina, brotan las yemas florales en los sauces, plantas como el verbasco comienzan a crecer en los márgenes fluviales y además, la retama y el brezo comienzan a florecer. Los frutos del escaramujo persisten en las ramas salpicando de rojo las espesuras . Las montañas siguen teniendo nieve, “montañas de azucar”, desparramada entre el verde de cimas y laderas. En las frías mañanas a veces retumba en los valles el eco de los graznidos de los cuervos remarcando la sensación de soledad en estos parajes. En las aguas, transparentes y frías,  abundan los tricópteros.

Las viejas hiedras, casi arborescentes, escondidas entre grandes afloramientos rocosos junto a los arroyos de montaña, muestran ahora sus racimos de frutos verdes y negros. Algunas especies de helechos comienzan a madurar sus esporangios, llenando de moteaduras anaranjadas el envés de sus frondes. Pronto comenzarán a liberar esporas.

Sobre las rocas del lecho en tramos de aguas rápidas proliferan amasijos oscuros de algas cianofíceas y en tramos recónditos hermosos núcleos de algas rodofitas en forma de cabelleras.

 

Con la llegada de marzo, viento, lluvia, frío y nieve van dejando paso al calor del sol que poco a poco va haciéndose más intenso y persistente. Las aguas poco a poco van siendo ya menos frías, estando ahora ya en torno a los 12ºC. Las laderas de las montañas se vuelven rosadas debido a la floración del brezo.

Entre roquedos  y bordes de caminos florecen núcleos de violetas ; también se avistan salpicaduras amarillentas de narcisos bajo los arbustos. En las umbrías las flores del durillo aportan motas blancas entre el fondo verde. En definitiva, se aprecian elementos de vuelta a la actividad en multitud de organismos, dinámica en muchos casos ligada a la reproducción y al desarrollo: los tritones ibéricos inician su cortejo en las aguas; las ranas patilargas inician su celo en los arroyos de montaña, las efímeras abandonan su estadío larvario dejando como huellas a sus exuvias; los cárices muestran sus inflorescencias meciéndose junto a las aguas o  se observan mirlos acuáticos afanados e incansables en la construcción de sus nidos en alguna oquedad bajo los puentes. Tras las lluvias los sapos parteros inundan suavemente el silencio de la noche con sus tímidos silbidos.

En los arroyos, sobre las rocas del lecho, abundan cápsulas globulares gelatinosas oscuras formadas por colonias de algas cianofíceas.

Los lagartos verdinegros inician sus procesos de territorialismo, cortejo y celo. Para ello los machos se hacen muy visibles con sus cabezas coloreadas de azul..

Los insectos comienzan a polinizar las flores y en los alisos verdean las yemas foliares comenzando a brotar las primeras hojas.

Otra vez es tiempo de equinoccio y los días tienen la misma duración que las noches.

La primavera se siente ya.

 

Abril es un mes borrascoso y lluvioso, conformando un mes típicamente primaveral en Las Hurdes. Es tiempo de  dar paso a una eclosión de vida y color dentro de la sobriedad reinante en estos parajes. Los peces vuelven a estar activos llenando de movimientos las aguas transparentes. Deambulan de nuevo por  las orillas ranas comunes, tritones jaspeados y culebras de agua. Los escuerzos inician su peregrinar reproductivo hacia las pozas preferentemente recónditas de los arroyos de montaña, donde se concentrarán de noche para llevar a cabo sus orgías reproductivas. En estos días son frecuentes los amplexos subacuáticos, los cordones gelatinosos de huevos en las orillas y las vísceras y otros restos de estos anuros en el fondo del arroyo como despojos de la depredación de las nutrias.

Frutales como el guindo y el cerezo, ahora en flor, revisten todo de sensación de renuevo. Comienzan a brotar los robles y a amarillear las encinas y alcornoques con sus flores colgantes.

Llegan las golondrinas alegrando el aire con sus chillidos y sus  vuelos acrobáticos. Se avistan muchas más aves como el carbonero, la curruca, el herrerillo, el chochín o el colirrojo. En las espesuras se observa esporádicamente el colorido vuelo de la oropéndola, y en las alturas las águilas perdiceras.

En zonas frescas de montaña florecen los fresales silvestres.

Las aguas en ríos y arroyos presentan  temperaturas que pueden oscilar entre los 7ºC de madrugada y los 12,5ºC e incluso los 17ºC en horas centrales y zonas remansadas laterales. Aún queda algo de nieve en las más altas cumbres.

Escondido en las altas gargantas, los acebos muestran ahora sus yemas florales, anunciando un inminente período reproductivo.

 

En mayo la sensación de buen tiempo se va instalando. Los días cálidos se van abriendo camino; no obstante, las tormentas de evolución vespertinas que se van formando encima de las montañas por ascenso de aire aún bastante húmedo, son frecuentes y los chubascos a veces muy fuertes.

La mejorana en las laderas soleadas y el berro en el borde de los ríos se suman al ingente número de vegetales ahora en flor. Los olores inundan el espacio y el vuelo de los insectos sobre las flores es incesante. Los reptiles vuelven a tomar el sol en las zonas más resecas.

Las aguas son  más cálidas situándose ya en torno a los 14ºC. Las piedras en el lecho  de los cursos fluviales albergan detritos pardos con  algas diatomeas y colonias gelatinosas de cianofíceas. Tiene lugar una gran actividad en los macroinvertebrados acuáticos (coleópteros, hemípteros, tricópteros, plecópteros…) ocupando multitud de microhábitats.

En las espesuras ahora hay un gran trasiego de avifauna con muchas especies  criando: golondrinas (común y daúrica), petirrojos, carboneros, herrerillos, currucas, mirlos, colirrojos, verdecillos, jilgueros, pinzones, chochines, agateadores…

Los extensos helechales que recubren grandes superficies bajo el estrato arbóreo vuelven a quedar verdes, al ir naciendo incesantemente los nuevos frondes.

Tras períodos lluviosos, en torno a las jaras, afloran unas bellas parásitas: las chupamieles, agrupadas en densos racimos   amarillentos sobre la superficie del suelo.

La primavera continúa.

 

Con  junio llegan los días más largos del año, con casi 16 horas de luz: se aproxima el solsticio de verano; en consecuencia, la actividad y las interrelaciones entre organismos y entre éstos y su entorno, se disparan.

Aún es tiempo de tormentas vespertinas que a veces dejan bastante agua. Aún así, en general los ríos y arroyos bajan ahora con menor caudal, en parte debido al secuestro de agua para riego que mediante diques y canalizaciones hacen los hurdanos para regar sus huertos y corrales. No obstante, hay muchas especies que se acoplan a esta dinámica fluvial algo más tranquila ocupando temporalmente las aguas como grandes amasijos de algas clorofilas filamentosas, o bien  las márgenes, como el poleo y el mentrasto.

Se inicia el celo de la rana común, siendo el más tardío de todos los anfibios: así sus larvas ocuparán las aguas más remansadas de los arroyos completando su desarrollo durante el estío.    Las huellas de las nutrias se dejan ver entre el tapiz de algas que bordean  los charcones y pilancones, donde acuden a capturar peces, larvas de insectos, renacuajos y ranas entre las oquedades de las rocas del lecho; éstas además se atiborran ahora de cerezas, quedando como prueba las semillas en las heces.

Las temperaturas del agua llegan ya a superar los 20ºC. Las hembras de calandino están ahora grávidas, indicando que inician su período reproductivo.

En las zonas soleadas florecen ahora las centaureas, las dedaleras, las siemprevivas y el torvisco.

El helecho real presenta ahora sus llamativos esporangios rosáceos, a modo de manos, prestos a liberar las esporas desde sus enclaves recónditos, casi mágicos.

 

Al llegar julio a la comarca de Las Hurdes el verano se muestra en su máxima expresión. Los días son cálidos y luminosos, si bien esporádicamente pueden convertirse en tormentosos. Las aguas, ahora ya cálidas (llegando a superar los 25ºC en zonas soleadas y a horas centrales del día), bajan ya más calmadas debido a que el caudal, poco a poco, va disminuyendo.

En las zonas más remansadas un tapiz de detritos recubre las rocas del lecho y abundan los amasijos de algas filamentosas dando lugar a complejos y peculiares microsistemas donde interaccionan muchos organismos. Los alevines de peces se dispersan ahora colonizando multitud de microhábitats por ríos y arroyos ocupando preferentemente las áreas más tranquilas. Las larvas de rana común continúan con su período de desarrollo y metamorfosis  ocupando tramos fluviales más altos donde no consiguieron llegar los peces. La actividad de los insectos en torno a los cursos fluviales es muy intensa: se aparean y dejan sus huevos en la vegetación acuática las libélulas; las larvas de odonatos, plecópteros y efemerópteros que completaron su metamorfosis tras una larga fase larvaria acuática se liberan de sus exuvias trepando por las piedras del margen o por los juncos y cárices convirtiéndose en individuos adultos alados que deben continuar en tierra sus ciclos de vida; las arañas tejen sus telas sobre los cursos fluviales para capturar insectos voladores en torno a los cursos fluviales.

Se avistan los primeros abejarucos, llegados del sur, realizando incursiones para aprovisionarse de insectos voladores y criar.

En esta época las heces de las nutrias portan huesos de guindas indicando que hallan un rico complemento a su dieta con estas frutas.

 

En agosto los días ya van siendo menos cálidos y las noches son ya más frescas, siendo posible encontrar de nuevo los restos de alguna crecida, fruto de los intensos chubascos de alguna tormenta vespertina. Las aguas aún son cálidas, superando los 25ºC a comienzos de la tarde.

Los renacuajos que ocuparon los tramos remansados de los cursos fluviales deberán de darse prisa en completar su metamorfosis y saltar a tierra, ya que el final del verano está próximo y la agitación de las aguas también. De hecho, cada vez son más abundantes los individuos recién metamorfoseados saltando entre las rocas de las orillas, acostumbrándose torpemente  a sus nuevos hábitos terrestres.

Los peces,  en plena actividad, ocupan ahora espacios más reducidos, lo que favorece el ataque de  depredadores como las culebras de agua y las nutrias que, además de restos de peces e invertebrados, dejan en sus heces semillas de higos y manzanas, señal de que siguen comiendo frutas como complemento a su dieta estival..

Las zonas remansadas adquieren tintes muy verdosos debido a la aglomeración de algas clorofitas filamentosas que han ido desarrollándose durante los días cálidos.

Frases populares entre los hurdanos como “Con una lluvia que venga en agosto, ya hay que arroparse con una manta en la madrugada” o  “Cuando hay niebla en la montaña el día va estar fresco” , indican que el verano aquí en la montaña no es  largo.

 

Alfonso J. Rodríguez Jiménez

Doctor en Ciencias Biológicas

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